Alexandra & Adrián, un amor exponencial

1 Sep 2022 | Sociedad

Con 16 años, Alexandra -sentada detrás de Adrián en clase de matemáticas- dibujaba con los dedos las flechas marcadas en la espalda de su camiseta. Ahora, casi 20 años después, su amor ha sido como esas flechas que se cruzan y se separan, pero que siempre terminan encontrándose.

Empezaron siendo unos adolescentes ilusionados y, desde su primer beso robado, nunca han dejado de estar unidos. “Sin ser muy conscientes, creamos un vínculo que nos ha hecho inseparables y, a pesar de que hemos vivido a ritmos distintos, han terminado acompasados”. Juntos, han vivido muchas relaciones posibles en una sola: el amor adolescente, el de la universidad, la libertad de los primeros trabajos, los viajes de ensueño, el amor a distancia… El suyo ha sido un amor que ha ido creciendo con ellos. Un amor exponencial.

No tenían decidido casarse, pero él la sorprendió. Un fin de semana en el que Alexandra se había ido de viaje con amigas, Adri le preparó una semana entera de sorpresas. A su vuelta, cada día le iba haciendo un detalle especial con el que emocionarla, desde un vídeo hablando a cámara declarándose “como nunca”, hasta un baile en pijama en el salón después de una cena romántica. Al cuarto día, preparaban la maleta para su viaje a Canadá y, antes de dormir, le hizo cerrar los ojos y le abrochó una pulsera. Al abrirlos, Alexandra vio que tenía un anillo colgando de ella:

“Nos ha costado mucho llegar hasta aquí y aunque podría pedirte matrimonio en un lugar increíble, no creo que haya mejor sitio para hacerlo que nuestra casa”.

La boda sabían que sería en Galicia, el lugar de origen del novio y de la familia de la novia. Para la ceremonia, la pareja escogió el imponente y encantador Monasteiro de Armenteira. Después, la celebración tuvo lugar en Pazo Señoráns.

“Nos conquistó desde el primer instante, no hizo falta ver más espacios para saber que una boda de invierno como la que deseábamos no podía ser en otro lugar”.

LA NOVIA

El vestido era de Isabel Núñez, diseño único, zapatos de Franjul y ramo de Florearte. Para los pendientes y el tocado, confió en el buen hacer de Noelia Peña, a partir de una idea original suya. Del peinado y maquillaje se encargó María Ávalos, quien también peinó a su madre y a sus primas y amigas íntimas. La manicura era de La Mora Nails, en Sanxenxo, en palabras de la propia novia: “la mejor manicurista que conozco”.

 

EL NOVIO

El novio lució traje y corbata de Félix Ramiro, camisa de Calvin Klein y zapatos de Zara. Los gemelos fueron un préstamo de uno de sus mejores amigos, quien los lució en su propia boda.

 

LAS INVITADAS

Mariluz, la madre de la novia, deslumbró con un traje y una blusa de T.ba. Daniel, el hermano de Alexandra, llevó un traje a medida de Massimo Dutti.

LA CEREMONIA

Las invitaciones, diseño exclusivo de Estudio Requetebien, fueron primoridiales porque les ayudaron a marcar el look&feel de la boda. “Gema es una artista y su amor por su trabajo nos acompañó durante todos los preparativos”, comentan los novios. Las invitaciones eran en sí mismas un regalo: el anverso – con una ilustración de las flores que protagonizarían la boda (flor de algodón y eucalipto- podía enmarcarse, y en el reverso añadieron su frase favorita:

“El amor es todo aquello que dura el tiempo exacto para que sea inolvidable”. Mahatma Gandhi

En los sellos del enlace podía leerse A² (Adrián y Alexandra), “porque nuestro amor, no se multiplica, se eleva”.

La ceremonia, en el Monasterio de Armenteira, fue oficiada por el Vicario del Monasterio, don Calixto y amenizada por los Musiclásicos. “Entramos a la Iglesia los dos con una sonrisa inmensa. Adri me recibió entre lágrimas y todos los invitados aplaudieron cuando nos abrazamos, fue muy emocionante”. Para la entrada del novio, interpretaron Hasta mi Final, de Il Divo. Para la entrada de la novia, Si ella te quiere, de David Bisbal y Aitana.

 

LA CELEBRACIÓN

La boda se trasladó al Pazo Señoráns para el banquete, que corrió a cargo del Catering del Restaurante Rotilio, de Sanxenxo. En su llegada al Pazo, los tíos de la novia sorprendieron a la pareja con la actuación del grupo de gaiteiros Abiñadoira Sanxenxo.

Para organizar la celebración confiaron en la ayuda de Andrea, encargada del Pazo “es maravillosa por su trato y personalidad”. La decoración floral, a cargo de Florearte, evocaba un ambiente invernal. Las flores fueron el hilo conductor y se jugó con ellas y sus tonos tanto en el Monasterio como en la decoración del banquete y en el ramo.

La pareja entró al banquete con un clásico de los festejos, la Bilirrubina, de Juan Luis Guerra. El baile lo abrieron con No puedo vivir sin ti, de Los Ronaldos, interpretado en directo por Jugones, un grupo gallego que amenizó con su interpretación los primeros bailes de los invitados. Después, Master DJ puso ritmo a la fiesta, en la que los invitados disfrutaron además del photocall de Polaroid Bus.

Los momentos más emotivos los protagonizaron el hermano de la novia, Daniel, cuando leyó un precioso discurso, y el primo de Alexandra -de origen maño- cuando dedicó a los novios una jota personalizada, con su hijo a la guitarra.

Hubo detalles para todos los invitados. Al llegar al banquete tenían en su asiento un sobre con su nombre, una botella de vino albariño y una nota personalizada, escrita a mano por los novios. El hermano de la novia, Daniel, recibió una pulsera hecha a mano por la diseñadora de joyas de la novia, Noelia Peña.

Alexandra le regaló su ramo a las hermanas Carmen y Clara, “para mí son como mis propias hermanas. Nos hemos criado juntas”. A sus primos Natalia y Miki, les entregaron unas jarras de cerveza personalizadas con el mensaje “queremos que seáis los siguientes”. A sus padres les obsequiaron con una botella de albariño Pazo Señorans, y a sus madres una cesta de flores secas de Florearte, con una foto de sus respectivas bodas y otra -impresa- de la propia boda, tomada en tiempo real.

Como broche final, se fueron de luna de miel a Tailandia, en un viaje organizado por ellos mismos.

“Queríamos ir a Nueva Zelanda pero el acceso estaba restringido por la pandemia; en cuanto lo han abierto nos hemos comprado los billetes. ¡Una luna de miel permanente!”.

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