
Constanza & Román. Ellos pusieron el amor, Galicia, el acento.
REDACCIÓN BOGA
Hay historias de amor que cruzan océanos, sobreviven a la distancia y maduran con los años como un buen vino. La de Constanza y Román es una de ellas.
Ella, chilena, trabajaba como azafata de vuelo; él, madrileño, con raíces gallegas muy profundas. El primer contacto llegó gracias a un amigo en común. Aunque la primera conversación se dio con miles de kilómetros de por medio -ella en Nueva York-, fue en Madrid donde finalmente se encontraron.
«Sentí algo que no había sentido antes», confiesa ella. «Con él me sentía en paz, con esa clase de serenidad que solo aparece cuando estás exactamente con quien debes estar.»
Lo que comenzó como una relación a distancia pronto se convirtió en algo sólido. Tras un año y medio de vuelos cruzando el Atlántico, Román se trasladó a Chile, donde compartieron tres años de vida y se casaron por lo civil.
Su deseo era celebrar una boda religiosa en Galicia, pero la pandemia aplazó el sueño. Finalmente, rodeados de familiares y amigos, lograron hacerlo realidad.
Historia, fe y emoción: una ceremonia que no se repite
El escenario elegido para el «sí, quiero» fue el Monasterio de Armenteira, en Pontevedra. Aunque la pareja había considerado inicialmente la iglesia de Santa María la Mayor, los cambios en el aforo debido a la pandemia los llevaron a descubrir este rincón espiritual.
«No hizo falta pensarlo demasiado: el monasterio nos tocó el corazón desde el primer instante. Tenía ese algo que lo hacía nuestro.»
La música de gaitas acompañó los momentos más solemnes de la ceremonia en el Monasterio de Armenteira.
Decoración natural y sobria en el altar del Monasterio de Armenteira, realizada por Ana González y Nora, con un misal ilustrado por Gardenia González Mayo, madrina del novio.
La Fundación Banda de Gaitas de Pontevedra, con 40 gaiteiros dirigidos por Hipólito Cabezas, acompañó la ceremonia.
Recibimiento, abrazos y emoción a las puertas del Monasterio de Armenteira, al son de las gaitas gallegas.
El novio y la madrina, madre del novio, hacen su entrada solemne al Monasterio de Armenteira, escoltados por los gaiteiros. Ella lució un mono verde con capa de gasa y cinturón joya de The 2nd Skin Co, tocado de Sombreros Conchitta y bolso dorado de Louis Vuitton con detalle de pampas.
La novia, del brazo de su padre, llega al Monasterio de Armenteira en un Rolls Royce Silver Cloud III, escoltada por la Fundación Banda de Gaitas de Pontevedra. En su entrada, entre sones de gaitas, lucía un vestido de Pilar Bande y un ramo con peonías, astrancia y falsa pimienta diseñado por su suegra.
Tras el “sí, quiero”, salieron del templo entre aplausos, pétalos y una lluvia de luz, bajo un arco floral diseñado con peonías y falsa pimienta.
Constanza: “Nuestro momento favorito fue salir de la iglesia del brazo de Román y, ya a solas, acelerar rumbo al pazo dejando una estela de polvo: libertad, alegría y euforia en estado puro.”
La ceremonia fue oficiada por el padre Jaime Vivancos, de la congregación de los Padres de Schoenstatt, a la que pertenece desde su etapa en Chile. La música añadió una dimensión inolvidable, con los acordes del Ave María de Schubert y la interpretación del himno de Galicia a cargo de una formación de cuarenta gaiteros, marcando uno de los momentos más emotivos del día.
Galicia: escenario, corazón… y testigo eterno
La celebración tuvo lugar en el Pazo Señorans, un enclave que combinaba el amor de Román por Galicia -tras pasar sus veranos de infancia entre Vigo y el mar- con la fascinación de Constanza por los pazos gallegos, las iglesias con siglos de historia y los paisajes verdes del norte.
Constanza: «Los viñedos del Pazo me recordaban mucho a mi tierra. Todo el equipo fue extraordinario.»
El salón del Pazo Señorans acogió el banquete nupcial entre arreglos florales de peonías y falsa pimienta, mesas personalizadas y una atmósfera elegante y serena.
El menú, creado por Casa Solla, comenzó con un cóctel de jamón al corte, pulpo, bivalvos, quesos y otros aperitivos. En mesa, se sirvieron ensalada de bogavante, merluza con crema de puerros o solomillo de ternera, seguido de un postre de piña y fruta de la pasión, fresas con nata y crujiente de chocolate y avellana.
Las mesas, personalizadas por los novios, llevaban nombres de coches míticos para él y bolsos icónicos para ella, una manera original y simbólica de reflejar su estilo y personalidad.
La decoración floral. fue realizado por Ana González -suegra de la novia- y Nora, utilizando peonías y falsa pimienta.
Un vestido, dos miradas. Solo un estilo: el suyo
Constanza sabía exactamente lo que buscaba: una silueta sencilla, tipo slip dress, pero con un toque único. Confió en Pilar Bande, quien creó un vestido doble, compuesto por una base fluida y un sobrevestido de tul bordado en ocre que añadía textura y dimensión.
«El vestido hablaba de mí: sencillo, delicado, pero con textura y profundidad. Pilar Bande supo capturar mi esencia a la perfección.»
Para completar el look, llevó pendientes de perlas y brillantes heredados de la madre de Román, un tocado dorado y plateado de Nácar Tocados, y las icónicas sandalias Tribute de Yves Saint Laurent en color nude.
El ramo, diseñado también por su suegra, mezclaba peonías, astrancia y falsa pimienta, atado con lazos de terciopelo verde. “Quería algo moderno, suelto y con mi esencia. Y lo fue.”
Belleza natural, sin filtros ni artificios
Para el peinado, EME Hair Lab Vigo creó un elegante recogido alto que resaltaba su cabello abundante. “Hasta me preguntaban si llevaba postizo”, comenta divertida.
El maquillaje quedó en manos de Giovanna, de Giova Visagismo, quien apostó por ojos marcados, una tez luminosa y labios neutros para lograr un look natural y absolutamente fiel a su esencia.
Constanza: “Que mis hermanas y mi madre me ayudaran a vestirme fue muy especial, un momento de amor verdadero. También cuando mi padre me llevó del brazo al altar. Y, por supuesto, ver a los amigos que vinieron desde tan lejos.”
Pendientes de perlas y brillantes heredados de su suegra, sandalias Tribute de Yves Saint Laurent, ramo diseñado también por ella y un rosario familiar: detalles llenos de significado para el gran día.
El novio: clásico por fuera. Único por dentro
Para su gran día, Román apostó por la atemporalidad de un chaqué de Trajes Guzmán, combinado con un chaleco azul claro heredado de su padre y una camisa a medida de Camisería Madrid.
El look se completó con un Rolex Explorer II, perfecto para el espíritu viajero de la pareja, y una corbata rosa de Hermès que aportó un guiño de color y sofisticación.
Como toque personal, unos gemelos de oro grabados con sus iniciales, un delicado obsequio de su abuela.
Detalles que cuentan. Gestos que emocionan
Ella diseñó personalmente las invitaciones de boda y toda la papelería. Con formación en diseño gráfico, creó un monograma personalizado que estampó en sobres, menús y hasta en las toallitas del baño. La portada del libro de ceremonia fue ilustrada por Gardenia González Mayo, madrina de Román, con una imagen de la Virgen del Carmen, patrona de Chile.
Invitaciones diseñadas por la novia, con un monograma propio y detalles ilustrados como el mapa de acceso y la portada del libro de ceremonia, creada por Gardenia González Mayo, madrina del novio, con una Virgen del Carmen como homenaje a Chile.
Durante el cóctel, el grupo Jugones puso la música en directo, y la fiesta fue animada por un DJ de Tocata Djs. La aparición sorpresa de un grupo de mariachis —regalo de sus cuñados— encendió la noche con tequila incluido.
El primer baile de los novios, bajo la mirada cómplice de sus invitados, al ritmo de “Si te vas” de Extremoduro en versión de cuerdas: un homenaje íntimo a los días de amor en la distancia.
En lugar del tradicional lanzamiento, la novia organizó el juego de los lazos: emoción, nervios y una única afortunada que se llevó el ramo entre risas, música y cintas al viento.
El baile comenzó con una versión instrumental de «Si te vas», de Extremoduro. Una elección que, lejos de ser casual, hablaba por ellos: era la canción que los acompañó en muchos de sus reencuentros a distancia y ahora, sin más kilómetros entre ellos, volvía a sonar, pero esta vez para quedarse.
Ni viaje, ni rutina. Una luna de miel
Los destinos elegidos fueron Egipto y Maldivas. Visitaron El Cairo, Abu Simbel, Luxor, y navegaron por el Nilo. Luego volaron al Six Senses Laamu, en una villa sobre el agua.
«Llevábamos una cartilla para identificar peces que se convirtió en nuestra particular búsqueda del tesoro», recuerdan. Vieron mantarrayas, pequeños tiburones… Fue alucinante.”
Todo fue organizado por la agencia Verinfinity, y tras meses de preparación, no podían haber imaginado un final más perfecto.
Vídeo: Gore Vázquez
Cuestionario Proust para la novia
¿Cuál es el momento que hizo única tu boda?
¡Todo! Nos involucramos muchísimo en cada detalle, fue un proceso muy personal. Desde el sitting plan (que organizó Román con gran acierto), hasta conseguir las direcciones de los 320 invitados. Cada pieza tenía nuestro sello.
¿Qué situación o palabras te conmovieron hasta las lágrimas?
El discurso sorpresa de Román tras la cena. Se suponía que daría las gracias a los invitados, especialmente a quienes vinieron de Chile, Madrid y otros lugares, pero lo primero que hizo fue dedicarme unas palabras a mí. No lo esperaba y me hizo llorar.
¿Cuál fue el instante más emocionante y con el corazón a mil por hora?
Cuando entré a la iglesia y durante los votos. Luego, poco a poco, me relajé.
¿Qué detalle inesperado te dejó sin palabras?
Además del discurso, hubo gaitas que nos recibieron con solemnidad y emoción. Y un video reportaje que hicieron algunos amigos durante la fiesta con palabras hermosas que nos dedicaron.
¿Qué comentaron más los invitados?
La ceremonia religiosa tan solemne, el espectáculo de los gaiteiros, los coches, la comida, la fiesta… incluso el bar frente a la iglesia donde conseguimos que no cobraran a nuestros invitados. ¡Cada detalle fue notado!
¿Qué crees que definió por completo ese día?
Una alegría profunda. Sentimos que todos los presentes eran cómplices de nuestra felicidad. Fue una gran manifestación de amor.
¿Cómo describirías tu boda en tres conceptos clave?
Gratitud, amor compartido, y complicidad.
¿Qué canción no podía faltar?
Difícil elegir solo una, soy muy musical, pero en la ceremonia tenía claro que quería el Ave María de Schubert. Y en la fiesta… ¡»Start Me Up» para nuestra entrada al comedor, saltando por las mesas!
¿Qué detalle personal incorporaste?
El ramo: no lo lancé. Hice un juego de lazos con las solteras. Cada una sostenía un lazo atado al ramo y yo los cortaba con los ojos cerrados. La última que quedaba con un lazo, se lo llevaba. Fue muy divertido y simbólico.
¿Qué consejo le darías a futuras novias?
Que no se estresen por nada. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Y si crees en Dios, no dudes nunca de su ayuda.
¿Te gustaría que contáramos tu boda? ¡Escríbenos!
Presume de buen gusto compartiendo este artículo…

