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Del disgusto de Kate Middleton con su vestido a los zapatos planos de Lady Di, los detalles más personales de las “Royal Weddings”

7 Nov 2022 | Realeza

Las bodas reales están llenas de elementos protocolarios que dejan muy poco a la improvisación, pero siempre hay lugar para detalles personales, como estos que te contamos, que son desconocidos para el gran público. Hoy nos adentramos en curiosidades de algunas bodas de la Casa de Windsor que te sorprenderán.

Kate Guillermo Boda Windsor

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Duques de Cornualles

El 29 de abril de 2011 Kate Middleton dió el “sí quiero” al príncipe Guillermo en en la abadía de Westminster, bajo la atenta mirada de la abuela del novio, la reina Isabel II, y una lista infinita de ilustres invitados venidos desde todos los rincones del mundo. Aquella mañana de viernes, la actual duquesa de Cornualles rompía los moldes establecidos en las bodas reales al decantarse por la firma británica Alexander McQueen. Con su fundador ya desaparecido (por cierto, republicano y muy crítico con la familia real), el importante encargo recayó en Sarah Burton, quien hoy sigue como directora creativa de la marca.

No obstante, aquel vestido de cuento de hadas que ahora se expone en el palacio de Buckingham fue motivo de auténtica desesperación para Kate. Así lo ha revelado la experta en realeza Katie Nicholl en el documental de Channel 5 Secrets of the Royal Dressmakers (“Los secretos de los diseñadores de la realeza”).

Kate Guillermo Boda

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La noticia de que Sarah Burton sería la encargada del look nupcial de la Duquesa saltó a la luz meses antes de la boda, lo que supuso un auténtico varapalo para Kate. Según Nicholl, Kate “esperaba que el nombre de Burton no saliera a la luz hasta el día del enlace”. Pero el diario Times consiguió la información y lo reveló todo. 

“Entre bastidores, hubo lágrimas en palacio porque Kate había hecho todo lo posible por mantener su vestido de novia en secreto y aun así…”.

Y así fue como las indiscreciones sobre su traje de novia acabaron en boca de todos y llenaron los periódicos de todo el mundo.

diana vestido novia

© Palacio de Buckingham

Diana de Gales

Aunque el matrimonio de Lady Di y el rey Carlos de Inglaterra no terminó de la mejor forma posible, no hay que dejar de recordar lo mucho que la Princesa quería a su prometido. Allá por 1981 la pareja se convertía en marido y mujer en la catedral de San Pablo. La novia lució un diseño confeccionado en tafetán de color marfil satinado al que le agregaron retales de encajes antiguos por el escote y las mangas, el vestido también contaba con diez mil aplicaciones de perlas y lentejuelas, y en el interior de la crinolina, esa estructura rígida en forma de jaula que daba volumen y forma a la falda del vestido, llevaba una herradura bordada en oro de 18 quilates para atraer la buena fortuna. Como complementos, Diana de Gales llevó un velo de tul de 140 metros de tela y una espectacular cola de ocho metros de largo.

zapatos diana vestido novia

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A la futura esposa mujer del rey Carlos le ocurrió algo parecido que a la que se convertiría en su nuera tres décadas después; a pesar de que en su caso se anunció de manera oficial quién sería el encargado de confeccionar su vestido, los periodistas se agolparon a las puertas del taller del diseñador para intentar cazar, sin éxito, alguna instantánea o prueba que demostrase cómo iba a ser aquel modelo. Lo que no sabía por aquel entonces la prensa es que, dado el tamaño del vestido y el largo de la cola, los creadores tuvieron que instalarse en un anexo al palacio de Buckingham donde el misterio se guardó de forma hermética.

Pero el detalle más especial del look nupcial de Lady Di llegaba en forma de zapato. La Princesa colaboró con el diseñador Clive Shilton en el diseño de unos zapatos planos que no le hicieran más alta que él el día más importante de sus vidas. Los zapatos estaban adornados con 500 lentejuelas y 100 perlas, y Diana hizo pintar en cada suela una C y una D diminutas —las iniciales de los dos— con un corazón entre ambas.

Eugenia de York

No hay boda real que se precie que no lleve intrínsecas un sinfin de tradiciones y la familia Windsor no iba a ser menos. Lo hizo la reina Isabel en su boda con Felipe de Edimburgo, la princesa Ana, el príncipe Harry… pero no Eugenia de York.

Dice la historia de la familia real británica que la novia llevará al altar la tiara que lució su madre en su gran día,. Por ello, todos esperábamos ver aparecer a Eugenia de York con la famosa tiara York, que fue el regalo que la Reina y el duque de Edimburgo le hicieron a Sarah Ferguson cuando se casó con el príncipe Andrés. Pero no fue así. La Princesa decidió sorprender para su “sí, quiero” con Jack Brooksman y llevó al altar la tiara Greville Emerald Kokoshnik, una vistosa joya de esmeraldas, platino y diamantes creada por la firma Boucheron para la dama de alta sociedad Margaret Greville. A ella perteneció la tiara en sus inicios hasta que le fue legada a la reina Isabel en 1942.  El diseño cuenta con seis esmeraldas a cada lado y una gema de mayor tamaño en el centro de la creación. El nombre Kokoshnik hace referencia a la estética de la joya, inspirada en los tocados y coronas que proliferaban en la Rusia imperial y que se puso muy de moda en la década de los años veinte. Junto a la tiara, Eugenia lució unos pendientes también de esmeraldas y diamantes regalo de su entonces prometido.

eugenia vestido cola

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Para su vestido de novia, la hija pequeña del príncipe Andrés y Sarah Ferguson eligió un modelo de la firma británica Peter Pilotto, fundada en 2007. A pesar de que, al adelantar que su modelo iría firmado por un diseñador inglés, todo el mundo apuntaba a Erdem Moralioglu, Stella McCartney o Vivianne Westwood. Algunos de los símbolos presentes en el vestido de Eugenia de York, confeccionado en jacquard de seda, algodón y viscosa, han sido el cardo de Escocia (que reconoce la afición de la pareja por Balmoral), el trébol de Irlanda (país originario de la familia Ferguson), y la rosa de York y la hiedra, signo de su propia casa. El especial tejido se fabricó en Como, Italia, y sirvió para dar forma a todas las partes del vestido, desde el escote en ‘V’ con caída sobre los hombros, hasta la larga cola en la que terminaba el diseño. Bajo el vestido, unos peep toe satinados de Charlotte Olympia completaban el look.

La creación de Peter Pilotto y Christopher De Vos tenía manga larga y falda abullonada. La Princesa, que contaba por aquel entonces con 28 años, tenía claro qué llevaría, y también qué no. “No quiero mangas merengue, están pasadas de moda”, contó en una entrevista para el programa de televisión The One Show. Se intuía que su vestido de novia seguiría el estilo llamativo y arriesgado que caracteriza a su vestidor.

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